En este mundo existe una regla muy sencilla: todo lo que nace debe morir.Es en ese breve período entre el nacimiento y la muerte cuando tenemos vida.Desde los pocos días de nacer,cuando ya podemos ver todo lo que tenemos alrededor,asimilamos las caras tristes y agradecemos las sonrisas y los gestos de cariño.Poco a poco,vamos creciendo,cada día un poco más,por fuera y por dentro.Solo unas personas,están ahí siempre.Son unas personas que forman parte de nuestra rutina,que no les prestamos la atención suficiente.Solo con la pérdida podemos apreciar lo que realmente teníamos y arrepentirse de haberlo dejado marchar.Pero algunas veces,te das cuenta a tiempo de las personas tan maravillosas que tienes a tu lado.Son capaces de hacerte sonreír  cuando menos ganas tienes de que llores.Pero esas lágrimas son de la verdad.Lágrimas derramadas al conocer verdades que no te esperabas.Para eso están los amigos,para decirte la verdad aunque duela.Pero no todo son malos ratos.Los mismos que te amargan el día por verdades son los que te hacen ver la luz en los días de oscuridades y con los que poderte pasar el día hablando de una mínima tontería.Porque para eso son los amigos ¿no?

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